Parvati significa, literalmente, «Hija de la Montaña». En la tradición hindú es hija de Himavan, el rey que personifica al Himalaya, y su nombre nace de la palabra sánscrita parvata — montaña. Es, desde su origen, lo que brota de la tierra, de la roca, de la raíz. Como nosotros, que creemos en regresar a la semilla.
En esa misma tradición, Parvati representa la energía cósmica que nunca puede separarse de la conciencia pura. Junto a Shiva forma la dualidad del universo manifestado: espíritu y materia, conciencia y energía, inseparables.

Es la Diosa del poder o Shakti; del amor y la devoción. Es la energía vital que anima a los Dioses, a los seres humanos y a los animales, sin la cual estos serían inertes e impotentes.
Es la madre divina: la energía femenina absoluta hecha forma. La fuerza que crea, nutre y transforma — porque Parvati también es la diosa que, a través de la disciplina y la devoción, transforma todo lo que toca.

Y en una de sus formas más queridas —Annapurna, «la que está llena de alimento»— Parvati es la diosa que nutre al mundo. Cuenta la tradición que cuando se llegó a decir que el alimento era una mera ilusión, ella desapareció y la tierra entera conoció el hambre; solo cuando reapareció, cuenco en mano, alimentando con sus propias manos, la vida volvió a florecer. Su enseñanza es nuestra bandera: el alimento no es ilusión — es lo que sostiene la vida.
Por esto adoptamos el nombre de Parvati Superalimentos.

Ese mismo espíritu —nutrición inteligente y alimentos vivos— vive hoy en cada uno de nuestros superalimentos, del Súper Chorizo a nuestros snacks con superalimentos.